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Archive for 31 julio 2009

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La investigación se centra en que los etarras siguen en Mallorca, en un piso franco

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NOTA DE PRENSA

C’s entiende que esta medida es imprescindible para evitar que este caso no acabe siendo archivado.

La Federación de Tarragona de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, insta al actual Gobierno Municipal de Tarragona a exigir en los juzgados responsabilidades civiles a los responsables de la pésima gestión del aparcamiento inteligente de la Part Alta, conocido como el caso del Jaume I.

C’s entiende que esta medida es imprescindible para evitar que este caso no acabe siendo archivado, y se convierta en un ejemplo en pro de la transparencia en la gestión de los recursos económicos municipales

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Pasos necesarios

Hay que agradecer al nuevo ministro su oferta de un Pacto Nacional de Educación. Hay que suponer también que es compartida por el Presidente de Gobierno y que supone una renuncia implícita a su política de hacer de la educación espacio preferido de confrontación ideológica. Hay que confiar por último qadoctrinaminetoue este Pacto se entendiese con voluntad de permanencia, no como mera operación táctica o coyuntural, como una nueva foto para visualizar el activismo del ejecutivo. Un pacto que ha de nacer del acuerdo de los dos grandes partidos mayoritarios, que son los llamados a gobernarlo, y que estuviera abierto a los agentes sociales y profesionales de la educación, pero que no dependiera de ellos. Me van a perdonar mis colegas, pero somos en parte responsables -por omisión, complacencia o corporativismo- de los males actuales. Somos un ejemplo de la debilidad de la sociedad civil española.
Con estas premisas permítanme que vaya directamente al grano y sintetice el Pacto necesario en tres palabras, . La calidad de un sistema educativo es muy difícil de medir, es una variable multidimensional que refleja las funciones de utilidad de los diversos colectivos afectados, stakeholders en terminología empresarial. Pero convengamos que hay indicadores internacionales, estudios de referencia en los que España compara muy mal. Convengamos también que no es principalmente un problema de gasto público porque de esos estudios no se deriva una correlación positiva entre gasto y calidad de la educación. Es cuestión de instituciones, incentivos y participación de la sociedad.
La calidad de un sistema depende crucialmente de los objetivos que le han sido asignados. Si, como es el caso en muchas partes de España, el sistema educativo se ha concebido, diseñado y financiado con el objetivo de contribuir decisivamente a la creación de nuevas naciones, no podemos luego quejarnos de que sus resultados en términos de cohesión territorial, conocimientos académicos o competitividad económica sean manifiestamente mejorables. Centrar el objetivo es pues una condición necesaria del pacto. Habrá que reconocer que la descentralización educativa plena no ha funcionado bien si se trata de formar ciudadanos españoles más educados, más libres y más competitivos. Recuperar algunas competencias básicas del Estado Central parece una consecuencia inevitable. Si ello requiere un cambio constitucional no habría que tenerle miedo, se ha planteado su reforma para temas mucho menores, pero me van a permitir una herejía de ignorante en leyes. Se me ocurre que si los doce hombres y mujeres justos del Tribunal Constitucional son capaces de dedicar cinco largos años de sus vidas a compatibilizar el Estatuto de Cataluña con los preceptos constitucionales, bien podrían dedicarle otro tanto a la educación.
Contenidos y proveedores son otros dos aspectos básicos de la calidad. Sobre los primeros se ha discutido desde los inicios de la Humanidad. Pero convengamos en que hoy el objeto de la educación no es tanto ofrecer conocimientos como enseñar a discernir, aprender a aprender. Vivimos en una sociedad donde la información es prácticamente gratuita y abundante, si uno la sabe buscar convenientemente. Demos pues a nuestros estudiantes las herramientas y los criterios para entender el mundo que les ha tocado vivir y para progresar en él. Despertemos en ellos el gusto por la lectura y el afán por la experimentación, expongámoslos a los clásicos y a los descubrimientos científicos más novedosos, pero sobre todo rompamos esa dicotomía mortal entre Ciencias y Letras. Siempre he tenido envidia de esos malditos ingleses que después de pasarse varios años leyendo a Virgilio y Aristóteles son capaces de estudiar Bioquímica o gestionar un banco. Eso es aprender y esa la versatilidad necesaria para la economía global.
Sobre proveedores de educación no deberíamos ya discutir. Deberíamos tener ya claro que el modelo único de enseñanza pública impuesto por la Revolución Francesa para hacer ciudadanos a golpe de instrucción obligatoria está obsoleto. Más cercana está incluso la Revolución Cultural y sus mil flores. Porque efectivamente la buena educación hoy requiere experimentar también con las formas tradicionales de proveerla, sin tabús ni cegueras ideológicas. Déjenme que les ponga dos ejemplos de esos prejuicios que impiden un debate constructivo, los uniformes escolares y la educación segregada por sexo.
Los primeros ha reaparecido en Estados Unidos de la mano de padres conscientes y preocupados del Bronx y de Harlem, que no son precisamente oasis de lujo, que entienden que la buena educación es una formación en valores y empieza por respetarse uno mismo y a los demás mediante lo que antaño llamábamos urbanidad. La segunda nunca ha desaparecido, quizás porque es la educación favorita de las élites intelectuales y progresistas de Nueva Inglaterra. No defiendo ninguno de los dos ejemplos. Pero tampoco los condeno. El punto es la libertad para que los ciudadanos elijan el modelo educativo que mejor satisface sus preferencias, la voluntad del Estado para respetarlos y la disposición a financiarlos sin exclusiones ni prejuicios. Y el compromiso de los padres con un modelo educativo en el que creen. Así han conseguido otros países mejorar significativamente los resultados académicos.
En España, por razones comprensibles, a la salida del franquismo optamos por un sistema educativo que es una mala copia del francés, mala por tardía y porque le falta el elemento unificador. Hora es ya de reconocer que se ha quedado obsoleta. Ha conseguido además alejar a los padres de la educación, porque se les veía como reaccionarios que impedían el cambio social. Hemos transferido la responsabilidad al Estado, de hecho a las Comunidades Autónomas, que invaden parcelas crecientes de libertad individual. Revertir esa tendencia porque ha fracasado en producir ciudadanos cultos y bien preparados es una componente necesaria del Pacto educativo. Confiar en los padres y devolverles la capacidad de elegir. Hacer competir a las instituciones educativas por atraer a los mejores alumnos, los mejores profesores, las mejores metodologías, deberían ser los principios inspiradores de este Pacto. Financiar a los estudiantes y no a las instituciones, subsidiar a los más necesitados y primar a los más brillantes, huir de la uniformidad, incentivar la aparición de gestores profesionales de centros educativos y asegurar que los propios centros se beneficien también de las mejoras en el rendimiento de sus alumnos. Todo ello son pasos necesarios y todos han de ir acompañados de un incremento sustancial en la transparencia en la gestión de fondos públicos para aumentar una eficiencia siempre conveniente y más en tiempos de crisis. Porque de lo que estamos hablado es de la necesidad de encontrar un nuevo espacio de colaboración entre la iniciativa privada y pública en la gestión de un servicio público como es la educación. Algunos, los más reaccionarios, lo llamarán privatización para matar toda posibilidad de discusión racional. Otros, entre los que estoy seguro estará el ministro Gabilondo, lo llamarán fomentar la pluralidad y la experimentación.
FERNANDO FERNÁNDEZ MÉNDEZ DE ANDÉS Rector de la Universidad Nebrija. Foro de la Sociedad Civil

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El museo desaparecido

Paso a menudo junto al antiguo museo del Ejército, cerca de la Real Academia Española, y cada vez siento la misma desolación al ver sus puertas cerradas. Uno de los más espectaculares museos de historia de España que conocí ya no existe. Kaputt. Me lo robaron. Le debo el favor definitivo al ex presidente Aznar, al ex ministro Trillo y al Pepé, entonces en el gobierno. Pasándose por el arrogante forro todas las protestas y argumentos razonables, esos individuos echaron el cierre al recinto para trasladar su contenido al Alcázar de Toledo. Les hacía más ilusión tenerlo allí todo junto, supongo. Alcázar, militares, ejército. Las hordas rojas. Etcétera. Dando, de paso, nuevos argumentos a los imbéciles que sostienen que en España la memoria es de derechas, y que la historia militar se la inventó el franquismo. Hay que joderse.

En fin. Con lo del museo me alegro por los toledanos, que así lo tienen a mano. Mejor para el turismo local. Pero a mucha otra gente nos queda lejos, y Madrid ya no tiene museo del Ejército. Ésa es la fetén. En cuanto a lo que haya ocurrido con los riquísimos fondos que el viejo lugar contenía, lo comentaré con ustedes cuando inauguren el nuevo. Y lo vea despacio. Aunque, como devoto del museo antiguo –ese concepto romántico y abigarrado, donde cabía todo–, barrunto que la puesta al día, moderna, luminosa y tal, se cobrará daños colaterales. Mucha misión humanitaria y poca guerra, ya me entienden. Paz por un tubo. Como si tres mil años de historia, con los españoles dándole cebollazos a los de afuera, o dándoselos entre sí, pudieran borrarse con buenas intenciones.

Y no sólo eso. Me cuentan que los textos que acompañarán a las piezas, cuando hacen alusión a España como esfuerzo común de una nación –imaginen si ahí debería haber unos cuantos–, están siendo mirados con lupa, a fin de no ofender sensibilidades ni doctrinas pacíficas al uso. Toda referencia a hechos que contradigan la diversidad plurinacional y plurimorfa de este pluriputiferio nuestro se camufla o adoba de modo conveniente. O se intenta. Como la Guerra de Sucesión y Felipe V, por ejemplo, por algunos de cuyos aspectos pasaremos de puntillas. O la actuación de los voluntarios catalanes y vascos que combatieron bajo las órdenes del general Prim en la guerra de Marruecos. Delicadísimo asunto ese, por cierto. Guerra colonial donde las haya, muy políticamente incorrecta. Y con moros, además. Por no hablar del desembarco de Alhucemas, cuando la dictadura de Primo de Rivera. Y de la Legión y Melilla, comandantes incluidos –tengo curiosidad por ver cómo se resuelve eso–. Y de la Guerra Civil, con toda una España republicana buena y solidaria frente a unos pocos nacionales malos y peinados con gomina. Etcétera.

Pero la cosa no queda sólo en Toledo. O no va a quedar. Ahí está el caso escandaloso del Museo Naval de San Fernando, Cádiz, cuyas nuevas instalaciones han costado tres millones de euros; y que, cuando todo estaba listo para trasladar el museo viejo al lugar adecuado, digno de la antigua isla de San Carlos y de su historia, el ministerio de Defensa lo ha puesto patas arriba, instalando en el nuevo recinto, como si no hubiera otras instalaciones militares cerca, a la infantería de Marina, y dejando la colección en donde estaba. Pero aún puede ser peor. Tal es el caso de ciertas ideas, o tentaciones, sobre una renovación del Museo Naval de Madrid, afortunadamente aplazadas. Y digo afortunadamente porque una cosa es reformar y actualizar, y otra aprovechar el barullo para descafeinar el asunto, adecuándolo a la doctrina de turno. Me aterra pensar en lo que ese magnífico museo podría convertirse, una vez pasado por la criba de lo políticamente correcto. Por el titular de telediario y la foto en primera página. Hay quien opina, en Defensa, que el Museo Naval tiene demasiado contenido bélico y conviene rebajarle un poco el nivel, dando más relieve a las exploraciones y a los avances científicos que tanto debieron a los marinos ilustrados y cartógrafos españoles. En eso estoy de acuerdo, pues sólo los nombres de Jorge Juan y Antonio de Ulloa o la expedición de Malaspina merecerían espacios monográficos. Pero también es cierto que la historia naval española está llena de hechos de armas –el mar era un continuo batallar– y eso no hay pacifismos mal entendidos ni buen rollito que lo borren. Conociendo el ganado, temo que una actualización de ese bellísimo museo terminaría alterando conceptos históricos fundamentales para adecuarlos al canon oficial de esta España Que Nunca Existió, en la que tanto golfo y tanto imbécil medran a sus anchas. Dense una vuelta por el desaparecido museo militar de Montjuic –futuro museo de la Paz– o por el naval de las Atarazanas de Barcelona, moderno y muy bien concebido en lo formal. Lean despacio los textos en este último, comprueben lo que hay y lo que falta. Verán a qué me refiero.

Arturo Pérez-Reverte

El semanal XL

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Todavía es posible un gran pacto de Estado contra la crisis.

LA RUPTURA del diálogo social ha provocado un cruce de reproches entre el Gobierno, la patronal y los sindicatos, que se culpan unos a otros del fracaso. Sorprende, no obstante, la virulencia de las descalificaciones del presidente del Gobierno hacia el de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, al que, según fuentes de La Moncloa, no quiere volver a tener enfrente como interlocutor. De forma más sensata, la patronal propone dejar pasar agosto para que se calmen los ánimos y volver a la negociación en septiembre.

En medio de esta sipleno-empleotuación de desconcierto, surge un líder sindical que demuestra envergadura y visión a largo plazo proponiendo por elevación un gran pacto de Estado entre Gobierno, agentes sociales y fuerzas políticas. Estamos hablando de Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CCOO, que ha expuesto en el Foro de EL MUNDO su análisis sobre el fracaso del diálogo social y sus recetas para salir de la crisis.

El diagnóstico que formla Fernández Toxo sobre las causas de la ruptura es bastante similar al de Zapatero: culpa a la patronal de «deslealtad» y dice que en realidad Díaz Ferrán no quería llegar a ningún acuerdo. Zapatero y Fernández Toxo han sugerido que una de las razones del fracaso del diálogo es que el presidente de la patronal se había aliado con las tesis de Rajoy. Sea como fuere, lo lógico es que el segundo partido de este país tuviera una participación activa en la negociación.

Pero el secretario general de CCOO no se queda en los reproches y reconoce que España necesita un acuerdo mucho más amplio que el que se negociaba durante las últimas semanas para salir de la crisis. Fernández Toxo apuesta, salvando las distancias, por un gran pacto similar al de los de La Moncloa de 1977 con una amplia representación de las organizaciones sociales y políticas.

Su planteamiento no es precisamente nuevo. Coincide con las propuestas formuladas el año pasado por el ministro Miguel Sebastián y el director de EL MUNDO, con las que han venido coincidiendo dirigentes políticos y organizaciones empresariales como el Círculo de Economía y las Cámaras de Comercio.

Todas estas personas e instituciones estarían de acuerdo con Fernández Toxo en que la crisis no se va resolver en seis meses y en que estamos en un momento de abordar profundas reformas para aumentar la competitividad de la economía.72211483

El propio Fernández Toxo comenta el fuerte rechazo que la palabra «crisis» siempre ha suscitado en Zapatero, recordando que en junio del año pasado, cuando era más que evidente el deterioro de la economía, el Gobierno vetó esa expresión en un documento negociado con los sindicatos.

Desgraciadamente esta recesión va para largo y va a exigir dolorosos ajustes, por lo que el líder de CCOO dice con mucha razón que hay que encender «las luces largas».

La dramática situación económica, con casi 4,2 millones de parados, exige una visión de conjunto de la que el Gobierno, empeñado en parches cortoplacistas, carece. Por ello, no se trata de llegar a pequeños acuerdos irrelevantes para bajar uno o dos puntos las cotizaciones sociales o para aumentar las prestaciones a los parados de larga duración, sino de negociar un gran pacto -con la implicación de todas las fuerzas sociales y políticas- para sacar a España de la crisis. Y ello pasa por recuperar la competitividad perdida en estos años mediante ajustes que no van a ser nada fáciles.

Da la sensación de que Zapatero está ofuscado en estos momentos con la CEOE y Díaz Ferrán. Pero los empresarios son lo que son, al igual que los sindicatos. Si durante 30 años han sido capaces de negociar y llegar a importantísimos acuerdos, como recuerda Fernández Toxo, ¿por qué no ahora? El Gobierno no debería tirar la toalla y aprovechar este fracaso para intentar fraguar ese gran pacto de Estado que hoy es más necesario que nunca.

El Mundo.

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A Tarragona les ordenances municipals tan sols estan per complir-les el ciutadà, i no tots; no s’entén com el Sr. Alcalde, Fèlix Ballesteros, per exemple firma un decret pel qual s’insta a l’aturament immediat d’un aparell d’aire condicionat i el seu desplaçament, amb un lacònic informe tècnic, on figura «que els aparells d’aire condicionat no poden observar-se des de la via pública».

Em sobta i preocupa molt, quin criteri se segueix per firmar i aplicar aquest tipus de decret, sobretot quan és el mateix Ajuntament el que incompleix sistemàticament la seva normativa en aquest aspecte. Podem comptar uns 20 aparells d’aire condicionat a l’edifici de l’Ajuntament, la majoria penjats a la façana, amb el perill i deteriorament que comporta per a aquesta. A més, Tarragona va plena d’aparells sense que l’Ajuntament actuï.

Em pregunto com el Sr Ballesteros es pot oblidar de quelcom tan bàsic com és donar exemple, ja que ocupen el càrrec precisament perquè la gent els hi posa. No per gràcia divina.

Francesc Piñol i Soldra

Diari de Tarragona, cartas al director

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Diversos agents dels Mossos d’Esquadra han iniciat aquest dijous al matí un registre al Palau de la Música de Barcelona en busca de proves sobre presumptes irregularitats en la gestió de la seva fundació. L’escorcoll arriba després de que la Fiscalia d’Afers Econòmics presentés una querella contra la Fundació Orfeó Català-Palau de la Música per anomalies en la seva gestió. El titular del Jutjat d’Instrucció número 30 de Barcelona ha admès a tràmit la querella, ha decretat el secret de sumari sobre les actuacions i ha emès una ordre d’entrada i registre per recollir proves.

El registre de la seu de la Fundació ha començat pels volts de les deu del matí per ordre del jutge Juli Solaz, que investiga el presumpte desviament de dos milions d’euros durant el 2003 i principis del 2004. Només la presència de dos agents a la porta i dels periodistes revelaven l’operació, que no ha impedit als turistes visitar el Palau de la Música.

L’Àrea d’Afers Econòmics de la Fiscalia de Barcelona va presentar fa aproximadament un mes la querella per apropiació indeguda i falsedat contra el president del patronat, l’empresari Félix Millet Tusell, Creu de Sant Jordi el 1999, i al menys tres responsables i directius de la Fundació més.

L’Agència Tributària va descobrir que en aquella època es van retirar en bitllets de 500 euros diverses quantitats de diners, de fins a 300.000 euros. Els funcionaris d’Hisenda van demanar justificants sobre aquestes pràctiques i els responsables van remetre documentació que podria ser falsa i resultava sospitosa, com factures d’obres que haurien estat executades al Palau per empreses sense mitjans per fer-les.

Davant les sospites de que els responsables de l’entitat podien estar cometent algun delicte, l’Agència Tributària va informar del cas a la Fiscalia a finals de l’any passat, i aquesta va descobrir l’existència de comptes corrents que no apareixien a la comptabilitat oficial, moviments sospitosos entre diferents comptes i nombroses retirades de diners en bitllets de 500 euros.

La Fundació Orfeó Català-Palau de la Música va ser creada el 1990 i està integrada per persones físiques, unes 200 empreses i entitats interessades en la promoció de la música. De fet, el seu objectiu és proporcionar a l’Orfeó i a l’Escola Coral de l’Orfeó Català els recursos necessaris per dur a terme les seves activitats, així com organitzar dotze cicles de concerts cada any.

Diari El Punt

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